Las dos curules afro en Colombia: cuando la representación no alcanza

 

Las dos curules afros en Colombia: representación simbólica, poder ausente y la disputa por lo político

Un análisis crítico sobre la promesa constitucional, el racismo estructural y los límites de la representación étnico-racial

Por: Becerra Palacios, J. J.

Resumen

Las dos curules afros en la Cámara de Representantes de Colombia fueron creadas como un mecanismo constitucional para garantizar la participación política de las comunidades negras, afrocolombianas. Sin embargo, su implementación ha estado marcada por vacíos normativos, debilidades institucionales y dinámicas de captura política que han reducido su alcance transformador. Este artículo analiza críticamente el devenir histórico y político de dichas curules, argumentando que han operado mayoritariamente como un dispositivo de representación simbólica más que como una herramienta de poder político real. A partir de aportes teóricos de Frantz Fanon, Achille Mbembe, Amos Wilson y John Henrik Clarke, y del análisis socio-jurídico de Laly Catalina Peralta González, se examina cómo el racismo estructural limita la efectividad de estos mecanismos y se plantean elementos para repensar una representación política afrocolombiana con capacidad real de incidencia.

 Palabras clave: Curules afros, representación política, racismo estructural, poder político, comunidades afrocolombianas. “No toda presencia es representación, ni toda piel negra garantiza un proyecto político negro.”



Introducción: lo que vemos y lo que no se quiere ver

En estos días, al recorrer redes sociales, observo una intensa campaña alrededor de los dos curules afros. Discursos encendidos, consignas rápidas, promesas de “recuperar” lo perdido. Pero detrás del ruido digital hay una pregunta más profunda, incómoda y necesaria:
¿qué está realmente en disputa cuando hablamos de las dos curules afros en Colombia?

Estas curules no fueron un regalo, ni una concesión graciosa del Estado. Son el resultado de luchas colectivas del pueblo negro/afrocolombiano por dignidad, reconocimiento y justicia histórica. Como ha ocurrido siempre, nada nos fue dado: todo fue arrancado.

Y, sin embargo, hoy asistimos a un escenario paradójico: existe representación formal, pero el poder real sigue ausente.

¿Qué son los curules afros y para qué existen?

Las curules especiales afrocolombianas son un mecanismo constitucional de representación étnico-racial, creadas para garantizar la participación política de comunidades históricamente excluidas.

Marco normativo verificable:

Su propósito declarado es claro: equidad, inclusión y corrección de una desigualdad histórica.
Pero el propósito jurídico no siempre se traduce en poder político efectivo.

Una historia más larga que la ley

Antes de 1991 hubo cimarronaje.
Antes de la Ley 70 hubo rebelión.
Antes del Congreso hubo cuerpos negros resistiendo la muerte.

Desde la colonia, las personas esclavizadas buscaron la libertad usando las grietas del sistema y desafiándolo abiertamente: palenques, fugas, litigios, insurrecciones. El Pacífico colombiano, San Andrés y múltiples territorios fueron escenarios de resistencia permanente.

Como advierte John Henrik Clarke, la historia negra ha sido narrada como concesión, cuando en realidad ha sido una historia de confrontación con el poder (Clarke, African People in World History).

El problema de fondo: representación sin poder

Aquí aparece una idea central que atraviesa todo el debate:

La representación no es suficiente; se requiere poder real.

Amos Wilson lo explica con crudeza:

“Si un pueblo no controla las estructuras económicas y políticas que determinan su vida, su representación será simbólica y funcional al sistema que lo domina”
(Wilson, Blueprint for Black Power).

Las curules afro, tal como han operado, no han alterado las estructuras del poder racial en Colombia. Han coexistido con ellas.

El vacío entre 1994 y 2002: promesa constitucional incumplida

No puedo confirmar todos los detalles técnicos constitucionales más allá de lo documentado, pero sí es verificable lo siguiente:

  • Entre 1994 y 1998, no existió un mecanismo claro y permanente que garantizara las curules afro como escaños directos.

  • El Congreso no desarrolló oportunamente la reglamentación, dejando el Artículo Transitorio 55 sin efectos reales.

  • La participación afro quedó reducida a listas generales dominadas por partidos tradicionales.

No fue una “caída” de curules ya consolidadas, sino una incapacidad estructural del Estado para cumplir su propia promesa constitucional.

Aquí el racismo estructural operó de forma silenciosa: la omisión también es violencia.

La advertencia temprana: Laly Catalina Peralta

En 2005, la socióloga Laly Catalina Peralta González publicó el artículo
“Curules especiales para comunidades negras: ¿realidad o ilusión?”
(Revista Estudios Socio-Jurídicos, Universidad del Rosario).

Su tesis central es contundente y verificable:
las curules han funcionado más como símbolo que como herramienta de poder político real.

Hallazgos clave:

  • Origen no orgánico: no fueron prioridad del movimiento afro durante la Constituyente.

  • Representación especular: creer que ver cuerpos negros equivale a representación política.

  • Flexibilidad en avales: permitió oportunistas y organizaciones de papel.

  • Desvinculación comunitaria: al votar toda la ciudadanía, no existe responsabilidad directa con las comunidades negras.                                                                                                                               

    Cuando cualquiera vota, nadie responde

    Sí, cualquier ciudadano puede votar por las curules afros.
    Ese diseño permitió:

    • Usurpaciones abiertas.

    • Captura por clanes políticos.

    • Candidatos negros defendiendo intereses antagónicos al pueblo negro.

    Achille Mbembe lo describe como necropolítica simbólica: se permite la vida visible del cuerpo negro, pero se controla su capacidad de decidir (Mbembe, Necropolítica).                                                                                                                                                                                                   

    El caso Polo Polo: síntoma, no causa

    Miguel Polo Polo fue elegido en 2022 dentro de este diseño fallido.
    Sus posiciones públicas —negación del racismo estructural, rechazo a la deuda histórica, alineación con proyectos políticos antiderechos— contradicen el sentido histórico de las luchas afrocolombianas.

    El debate no es solo si representa o no.
    El problema real es por qué el sistema permite que esto ocurra.


    La falsa alternativa y la instrumentalización

    La aparición de figuras “anti-Polo” sin arraigo comunitario, sin proyecto antirracista y sin programa colectivo reproduce el mismo error.
    Cambiar el rostro no cambia la estructura.

    Frantz Fanon advirtió este fenómeno con claridad:

    “La élite colonizada reemplaza al colono sin transformar el sistema que oprime al pueblo”
    (Fanon, Los condenados de la tierra).


    Contraargumento necesario

    Algunos sostienen que cualquier persona negra en el Congreso es un avance.
    Es cierto: la exclusión absoluta sería peor.

    Pero como señala bell hooks,

    “La inclusión sin transformación solo refuerza el orden existente”
    (hooks, Feminism is for Everybody).

    ¿Qué hacer?

    1. Reforma profunda del diseño electoral de las curules.

    2. Electorado afro delimitado, con responsabilidad directa.

    3. Criterios claros de trayectoria comunitaria y política.

    4. Fortalecer poder organizativo negro, más allá del Congreso.

    5. Políticas públicas antirracistas reales: salud, agua, territorio, educación.


    Conclusión: una mirada honesta

    No escribo desde la neutralidad cómoda.
    Escribo desde una posición crítica, pero objetiva.

    Las curules afro no fracasaron por exceso de radicalidad, sino por falta de poder real.
    Mientras sigan siendo un símbolo administrado por el mismo sistema racial que dicen combatir, seguirán siendo un espejismo.

    La historia nos enseñó algo simple y duro: cuando no construimos poder colectivo, otros deciden por nosotros… incluso usando nuestro propio rostro.                                                                                                                                                                                                                                     

    Citas en el texto 

    • Fanon (1961) sostiene que la élite racializada puede reproducir las estructuras coloniales cuando accede al poder sin transformar el sistema.

    • Según Wilson (1998), la representación política sin control estructural constituye una forma de integración simbólica funcional al sistema dominante.

    • Mbembe (2011) analiza cómo el poder moderno administra la vida y la muerte, incluso mediante mecanismos simbólicos de inclusión.

    • Peralta González (2005) argumenta que las curules afro han operado más como una ilusión óptica que como una herramienta efectiva de poder político.                                      

      Referencias 

      Fanon, F. (1961). Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica.

      Mbembe, A. (2011). Necropolítica. Melusina.

      Peralta González, L. C. (2005). Curules especiales para comunidades negras: ¿realidad o ilusión? Estudios Socio-Jurídicos, 7(2), 165–201. Universidad del Rosario.

      Wilson, A. (1998). Blueprint for Black Power: A moral, political, and economic imperative for the twenty-first century. African World InfoSystems.

      Clarke, J. H. (1993). African people in world history. Black Classic Press.

      Constitución Política de Colombia. (1991).

      Congreso de la República de Colombia. (1993). Ley 70 de 1993.

      Congreso de la República de Colombia. (2001). Ley 649 de 2001.

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